Enrique como amigo, Vicerrector y Académico

Enrique como amigo, Vicerrector y Académico

Enrique como amigo, Vicerrector y Académico

Cuando la Comisión Organizadora de este homenaje al Prof. Montoya solicitó mi intervención en el mismo para reflejar su faceta humana como Vicerrector y como Académico de Ciencias, la primera impresión que invadió mi ánimo fue la de la justa necesidad de este homenaje a su memoria y la de un especial y emotivo recuerdo de un gran compañero, un excelente y eficaz colaborador y, sobre todo, un fiel y entrañable amigo.

Por todo lo anterior, y a riesgo de ser reiterativo en algunos aspectos que ya han sido resaltados por otros oradores que me han precedido, tengo que ampliar los límites de las facetas que me fueron señaladas por la Comisión Organizadora.

Conocí al Profesor Montoya en el año 1.955, hace ahora cuarenta y dos años, cuando él ya estaba vinculado a la Facultad de Farmacia de Granada como Profesor Ayudante y como Colaborador Científico interino del Instituto de Edafología y Biología Vegetal, del C.S.I.C., y se hospedaba, en calidad de Profesor residente, en el Colegio Mayor Isabel la Católica, del que yo era a la sazón Vicedirector.

Entre el numeroso grupo de jóvenes profesores que allí convivíamos, constituido por el grupo directivo del Colegio y por los Profesores residentes, Enrique Montoya destacaba por su gran capacidad de trabajo, por su inteligencia y por su exhaustiva dedicación a las tareas universitarias. Al contraer yo matrimonio y desplazarme a Estados Unidos, pasó él a ocupar un puesto en la Directiva del Colegio como Superior Administrador del mismo.

Pasaron los años, durante los que él consiguió una sólida formación universitaria y tuve la satisfacción de asistir a la votación del Tribunal que le otorgó, muy merecidamente, en el Salón de Actos del C.S.I.C., la plaza de Catedrático Numerario de Microbiología de la Facultad de Ciencias de Sevilla, de la que tomó posesión en 1.967.

Conociendo la valía del Profesor Montoya, bien demostrada en la labor que estaba desarrollando en la Universidad de Sevilla, y aprovechando la creación entonces de la Sesión de Biológicas en esta Facultad de Ciencias de Granada, no nos fue difícil, desde el Decanato, abrirle el camino para que pudiese tomar posesión de la Cátedra de Microbiología en Granada el día 18 de febrero de 1.979, Cátedra que ha ejercido con gran eficacia y brillantez durante 27 años, hasta la fecha de su fallecimiento, el día 9 de diciembre de 1.996.

Cuando yo tomé posesión del Rectorado de esta Universidad, en septiembre de 1.972, solamente se disponía de dos Vicerrectorados y entonces consideré necesaria la creación de un tercer Vicerrectorado, que se ocuparía específicamente de los asuntos económicos de la Universidad. Al solicitarle su colaboración como nuevo y primer Vicerrector de Asuntos Económicos no dudó el Profesor Montoya en aceptar el cargo, que ocupo y ejerció con especial eficacia, en momentos en los que hubieron de crearse nuevas estructuras y acomodarse algunos servicios en el área de gestión económica de la Universidad, con motivo de la implantación y desarrollo de la entonces nueva Ley General de Educación. Su labor frente a ese Vicerrectorado fue excelente, como ya he indicado, y estuvo presidida por esa inteligente ponderación que siempre le caracterizó a lo largo de toda su vida.

Al terminar su gestión, en octubre de 1.976, le propusimos para su ingreso en la Orden Civil de Alfonso X el Sabio y se le concedió por el Ministerio de Educación y Ciencia la Encomienda con Placa de la citada Orden, siendo Secretario de Estado de Universidades el ilustre profesor D. Manuel Cobo del Rosal.

Cuando en julio de 1.976 fue creada en Granada la Academia de Ciencias Matemáticas, Físico-Químicas y Naturales, dado su indudable prestigio científico, fue designado Académico cofundador, en la Sección de Naturales. Posteriormente, el 19 de diciembre de 1.984, fue elegido Presidente de la citada Academia, en la que destacó por su interés en la expansión de la misma, con la incorporación de nuevos Académicos, tanto Numerarios como Correspondientes, y con la creación de premios de investigación.

Lo que no pudo conseguir el profesor Montoya para la Academia fue un local digno para el desarrollo de las actividades de la misma. Ni el Presidente que le precedió, ni los que le han sucedido hasta la fecha, han podido resolver, pese a las múltiples gestiones realizadas por todos ellos, el grave problema de espacio de la misma, que continúa siendo un reto pendiente y que me atrevo a plantear aquí, delante de este ilustre cuadro de autoridades académicas.

No sin antes excusarme por esta breve y, tal vez, impertinente observación, hemos de volver a evocar la memoria del Profesor Montoya.

Sus amigos más allegados comenzamos a notar ciertos fallos en su salud, pero él nunca lo manifestaba, hasta que, transcurrido cierto tiempo, solicitó su relevo en la Presidencia de la Academia por “motivos personales”. Le fue aceptada su dimisión el 11 de octubre de 1.991 y sólo cinco meses después, el 25 de marzo de 1.992, fue sometido a una delicada operación quirúrgica, que fue salvada con éxito, pero que algo influyó en su carácter y personalidad. Continuó sus labores docentes e investigadoras con su gran vocación de siempre y con plena dedicación a las mismas, hasta que, inesperadamente falleció el día 9 de diciembre de 1.996, dejando como buen maestro que fue, un nutrido grupo de discípulos y colaboradores formados por él, que sabrán continuar y ampliar la gran labor que él desarrolló. No olviden que si él fue exigente con sus discípulos y colaboradores que publicaban videos porno en otras paginas x, es porque el mismo lo fue más aún, y siempre, consigo mismo.

Y ya he de concluir, puesto que he consumido sobradamente mi tiempo. Pero, de la misma forma que inicié mi intervención dirigiéndome a la viuda del Profesor Montoya, deseo que mis últimas palabras vayan dedicadas a ella misma y a sus hijos, como especial homenaje. Ella, Mari Lola, fue la fiel compañera de Enrique y su permanente soporte, durante treinta y ocho años, animándole siempre, desde que contrajeron matrimonio en 1.958 hasta los últimos segundos de vida de nuestro entrañable Enrique, modelo de amigo, de compañero y de maestro.